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IV.2.6. La amiga - Tesis doctoral

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IV.2.6. La amiga


La amiga de la heroína no es propiamente un agente del destino, puesto que no suele participar en la acción. El papel que juega es fundamentalmente el de “testigo” o “confidente”. Su presencia responde, pues, a la necesidad formal de la novela de completar la comprensión, por parte del lector, bien de la trama o bien del personaje femenino principal. La utilidad técnica, por tanto, de este personaje es manifiesta, especialmente en la novela epistolar. La lejanía de la amiga confidente suele ser el motivo explícito de la obra, o lo que explica su existencia, como ocurre en Fanny Hill y Sidney Bidulph.

Otras funciones que puede desarrollar el personaje de la amiga son la de establecer un contraste con la heroína (como en el caso de Anna Howe, mucho más vital y crítica que la modélica Clarissa) o la de mediadora bienintencionada, aunque poco eficaz, entre la heroína y el mundo. En cualquier caso, el énfasis que ponen muchas de estas novelas en la solidaridad y la amistad femeninas no deja de ser significativo. La amistad entre mujeres se manifiesta como una de las pocas relaciones del mundo novelesco basadas en la libertad, la igualdad y la reciprocidad y ofrece un alivio psicológico a las torturas del deseo heterosexual. Este tipo de relación entre mujeres resulta un elemento novelesco potencialmente subversivo en el contexto de una cultura en la que los hombres temían la amistad entre las mismas; dicho temor se basaba en la posibilidad de que las amigas maquinaran juntas o compartieran conocimientos que no les estaban destinados; este tipo de relación podía además conllevar connotaciones lésbicas (Backscheider, 2000: 54).


Lasselia encuentra una verdadera amiga en Mademoiselle Valier, que la acoge en su casa cuando su tía se muestra celosa de ella. Mademoiselle Valier percibe la profunda impresión que causa De L´Amye en su amiga y se despide llorando de ella cuando Lasselia tiene que huir para evitar las atenciones de Luís XIV. Está presente, asimismo, en el momento en que Madame De L´Amye descubre a Lasselia con su marido. Realiza entonces una importante función mediadora al hablar con su amiga para que descarte el suicidio y la visita luego a menudo en el convento en el que Lasselia se ve obligada a recluirse.

En Moll Flanders se demuestra que en el ambiente malsano de los bajos fondos también es posible forjar una amistad. Como vimos anteriormente (véase “La alcahueta”, pp 412-4), Mrs B- hace las veces de comadrona de Moll y le ayuda luego a buscar a quien cuide de esos hijos de modo que pueda volver al mercado matrimonial. Mrs B- anima a Moll a sincerarse con ella cuando está preocupada, le da consejos y hasta se encarga de vender la mercancía que roba. Por otra parte, no la abandona cuando la encierran en Newgate y, al custodiar su dinero, le permite empezar una nueva vida en las colonias.

Roxana hace amistad con la mujer cuáquera en cuya casa se aloja en Londres, a la que describe como “perfectly well-bred, and perfectly well-humour´d, and in short, the most agreeable Conversation that ever I met with” (253). El marido de la cuáquera se encuentra en Nueva Inglaterra y ella apenas tiene lo suficiente para mantener a sus hijos. Por amistad ayuda a Roxana cuando ésta se reencuentra con el comerciante holandés, hasta el punto de que celebran su boda en su casa. Roxana le acaba concediendo una pensión que resuelve su situación económica. Ella, por su parte, contribuye a ocultar la identidad de Roxana ante Susan, una de las hijas de la misma. Roxana la llama “My faithful Agent the QUAKER” (356, mayúsculas en el original) cuando le informa sobre los movimientos de Susan.

La amiga íntima más conocida de las que aparecen en las novelas seleccionadas es Anna Howe, una joven que, además de ser la confidente de Clarissa, introduce un elemento de contraste con la misma por su mayor rebeldía, capacidad crítica y pragmatismo. Anna cree, de hecho, que su amistad se debe a esa diferencia de caracteres, aunque, en opinión de Clarissa, se debe a la sinceridad con la que se comunican. La heroína describe su amistad con Anna como “the principal pleasure of my life” (carta número 9, Miss Clarissa Harlowe a Miss Howe, pág. 66). Anna, por su parte, explica así las diferencias que existen entre ambas: “I am fitter for this world than you, you for the next than me” (carta número 10, Miss Howe a Miss Clarissa Harlowe, pág. 69, cursivas en el original). Anna da muestras, además, de un gran sentido del humor, que contrasta con la mayor seriedad de su amiga. Cuando imagina con todo detalle la infancia de Mr Hickman, su pretendiente, y la de los dos pretendientes de Clarissa, Lovelace y Mr Solmes, concluye: “Only that all men are monkeys more or less, or else that you and I should have such baboons to choose out of is a mortifying thing, my dear” (carta número 46, Miss Howe a Miss Clarissa Harlowe, pág. 210).

Más pragmática que Clarissa, Anna intenta mediar entre la heroína y el mundo. Ante la situación límite que vive su amiga, cree que ésta ha de reclamar la herencia que le dejó su abuelo, incluso si resulta necesario litigar. Por otra parte, Anna dice odiar al género masculino y afirma que ella y Clarissa estarían mejor solas:

Upon my word, I most heartily despise that sex! I wish they would let our fathers and mothers alone; teasing them to tease us with their golden promises, and protestations, and settlements, and the rest of their ostentatious nonsense. How charmingly might you and I live together and despise them all! (carta número 27, Miss Howe a Miss Clarissa Harlowe, pág. 133, cursivas en el original)


Los Howard ven en Anna un obstáculo a la hora de casar a Clarissa con Mr Solmes, por lo que presionan a su madre, Mrs Howe, para que interrumpa la correspondencia entre ambas jóvenes. De hecho, Mrs Howe intenta vencer la resistencia de su hija a la fuerza, llegando a golpearla. A pesar de todo, Anna intenta ayudar a Clarisa a escapar, y está decidida a irse con ella, afirmando: “we will live and die together. Think of it. Improve upon my hint, and command me” (carta número 81, Miss Howe a Miss Clarissa Harlowe, pág. 331). Sin embargo, la huida de su amiga se produce antes de lo previsto a causa de las tretas de Lovelace. Anna intenta convencer entonces a Clarissa para que acepte la oferta de matrimonio de éste. Clarissa alaba la amistad que le demuestra, “a friendship which no casualty or distress can lessen, but which increases with the misfortunes of its friend” (carta número 133, Miss Clarissa Harlowe a Miss Howe, pág. 479). Aunque, además de darle consejos, lo único que puede hacer Anna por la heroína es mandarle dinero a Londres a escondidas de su madre. Por otra parte, en nombre de “that friendship which has united us as one soul” (carta número 177, Miss Howe a Miss Clarissa Harlowe, pág. 577) intenta influir en Mrs Norton para que a su vez influya en la madre de Clarissa.


Lovelace teme a Anna porque conoce bien las artimañas de los seductores tras haber estado a punto de caer en las redes de uno, Sir George Colmar (de quien la salvó Clarissa). Sin embargo, a pesar de la mala imagen que tiene de Lovelace, Anna se muestra práctica al insistir en que Clarissa se case con él para salvar su reputación: “But come, since what is past cannot be helped, let us look forward” (carta número 327, Miss Howe a Miss Clarissa Harlowe, pág. 1.043). Cuando descubre que la casa de Mrs Sinclair es una casa de citas, informa a Clarissa, lo que provoca la huída de ésta. Tras la segunda huida de su amiga, Anna le comenta a Charlotte Montague: “Never woman loved woman as we love one another!” (carta número 329, Miss Howe a Miss Charlotte Montague, pág. 1.045). La heroína, por su parte, alaba su amistad anteponiéndola a los lazos familiares: “How much more binding and tender are the ties of pure friendship, and the union of like minds, than the ties of nature!” (carta número 359, Miss Clarissa Harlowe a Miss Howe, pág. 1.114). Y compara su amistad con la de David y Jonatán. Con posterioridad, cuando Lovelace le pide en persona a Anna que medie entre él y Clarissa, ella le muestra su indignación golpeándole con el abanico en la cara. Cuando Clarissa ya se encuentra gravemente enferma, se quita el retrato en miniatura de su amiga que lleva siempre puesto para cedérselo a Mr Hickman, el pretendiente de Anna, y expresa su deseo de que sea él quien se convierta ahora en el amigo y confidente de ésta. Esto ha sido interpretado como un ejemplo de cómo Richardson inserta intervenciones patriarcales en el discurso social, ya que a Anna se la condena así a un tipo de matrimonio en el que los vestigios de su voluntad independiente quedan supeditados a las “indulgencias” de su marido (Backscheider, 2000: 51-4). Frente a este tipo de “companionate marriage” la amistad entre ambas mujeres no deja de tener un cierto carácter amenazante para el sistema patriarcal. Clarissa llama a Anna “Sweet and ever-amiable friend – companion – sister – lover!” (carta número 476, Mr Belford a Robert Lovelace, pág. 1.357). Sin embargo, Anna no se puede acercar a verla por las presiones a las que se ve sometida. Se desmaya al enterarse de su muerte, y reconoce su culpa ante su cadáver:

But why, why, said she, was I withheld from seeing my dearest dear friend before she commenced angel? Delaying still, and too easily persuaded to delay the friendly visit that my heart panted after; what pain will this reflection give me! (carta número 502, Coronel Morden a John Belford, pág. 1.403)

En su testamento, Clarissa se refiere a su amiga como “the sister of her heart” (pág. 1.404). Anna, por su parte, llama a su primera hija Clarissa en recuerdo de su amiga. Se encarga, asimismo, de administrar y distribuir el dinero para los pobres que había dejado la heroína.
En Memoirs of a Woman of Pleasure es la amiga anónima de Fanny Hill quien la anima a escribir su historia. Da su opinión sobre la misma, haciéndole ver a Fanny, por ejemplo, el contraste entre las expresiones vulgares que utiliza y la abundancia de metáforas y circunloquios con las que describe las escenas amorosas.
Amelia ofrece en un principio su amistad a Miss Bath, que se casa con el capitán James. Miss Bath resulta ser una falsa amiga, hasta el punto de que, para evitar que su marido la obligue a residir en el campo, decide colaborar con él en la seducción de Amelia. Ésta acaba encontrando auténtica amistad, sin embargo, en Mrs Bennet (luego Mrs Atkinson), “a good scholar” (258), capaz de citar textos en latín. Viuda de un clérigo pobre, con el que se había casado por amor, había sido seducida por el “lord” gracias a la complicidad de Mrs Ellison. Al revelar su historia, juega un papel activo en el destino de la heroína (al contrario de lo que suele suceder con la figura de la amiga íntima), ya que consigue que Amelia sea consciente del peligro que corre. Tras casarse con Atkinson, es un gran apoyo para su amiga, a la que presta dinero ante su desesperada situación económica.
La primera amiga íntima de Betsy Thoughtless, Miss Forward, a la que conoce en el internado, es, como su nombre indica, un mal ejemplo. Tras ser seducida y quedar sumida en la pobreza con un hijo, pide ayuda a Betsy, que se muestra comprensiva y la socorre económicamente. Sin embargo, al enterarse de que Miss Forward se ha convertido en la amante de un hombre rico, decide no volver a relacionarse con ella. Por otra parte, Mrs. Trusty, amiga de la difunta madre de Betsy, acaba siéndolo también de la joven. Le da buenos consejos pero, como mujer inteligente que es, lo hace de un modo no impositivo. Cuando Betsy ha perdido la oportunidad de casarse con Trueworth y es pretendida por Mr Munden, Lady Trusty no cree que se trate del candidato ideal; sin embargo, decide colaborar con los hermanos de Betsy para que contraiga matrimonio y no siga poniendo en peligro su reputación. Posteriormente, Lady Trusty le da a Betsy sabios consejos durante sus crisis matrimoniales y comprende, finalmente, su decisión de separarse de Mr Munden. Al ser un personaje modélico, el hecho de que apruebe la decisión de Betsy la sanciona.

Otra amiga de Betsy es Miss Mabel, una joven modélica que introduce un elemento de contraste con la frivolidad y coquetería de la protagonista. Al ser “perfectly sincere” (181), Miss Mabel hiere a veces el orgullo de Betsy, por lo que su amistad se enfría. Casada con Sir Basil Loveit, es ella quien informa a Betsy de que Trueworth ha enviudado.


En The Female Quixote, la condesa queda impresionada al conocer a Arabella. Amable y circunspecta, representa el modelo de comportamiento femenino que se espera que la joven emule. Al igual que ella, la condesa había leído también numerosos romances heroicos durante su juventud, por lo que se identifica con sus ideales. Por otra parte, pretende lograr que Arabella se reforme por puro pragmatismo, por necesidad de adaptarse al mundo. Da muestras, por tanto, de una flexibilidad ética que apunta a un cierto relativismo moral: “Custom, said the Countess smiling, changes the very Nature of Things, and what was honourable a thousand Years ago, may probable be look´d upon as infamous now” (328). Como no le puede ofrecer a Arabella criterios para distinguir entre la virtud real y la nominal, fracasa en su intento de reformarla (Motooka 1996: 269). Su actitud resulta además claramente antifeminista, ya que recomienda el silencio y el anonimato como los mejores guardianes de la virtud femenina, describiendo así lo que ha sido su vida:
And when I tell you, pursued she with a Smile, that I was born and christen´d, had a useful and proper Education, receiv´d the Addresses of my Lord _____ , through the Recommendation of my Parents, and marry´d him with their Consents and my own Inclination, and that since we have liv´d in great Harmony together, I have told you all the material Passages of my Life; which, upon Enquiry, you will find differ very little from those of other Women of the same Rank, who have a moderate Share of Sense, Prudence, and Virtue. (327)
Una vida sin aventuras es, pues, una vida sin conflicto. La condesa desaparece de la obra de modo repentino por una indisposición de su madre.
Cecilia, a quien Sidney Bidulph se refiere como “you, my sister, friend of my heart” (12), es quien nos relata la vida de ésta ya que, antes de irse al extranjero con sus padres, quedó en intercambiar su diario con ella, comprometiéndose ambas a no omitir detalle de sus vidas respectivas. A pesar de la distancia, Cecilia es la confidente de Sidney, la única a la que expresa su frustración tras la ruptura de su compromiso con Faulkland y su infeliz matrimonio con Mr Arnold, que le es infiel con Mrs Gerrarde: “far be reproaches or complaints from my lips; to you only, my second self, shall I utter them” (136-7). Cuando Sidney vuelve al lugar en el que había transcurrido su infancia, Sidney Castle, recuerda continuamente a su amiga: “every spot almost brings you fresh into my memory” (265-6). Tras morir Mr Arnold, Sidney le comunica a Cecilia que ha convencido a su antiguo pretendiente, Faulkland, para que se case con Miss Burchell. Cecilia le expresa su desaprobación, a lo que Sidney le responde: “I see notwithstanding, that you think my heart has again done itself some violence” (334, cursivas en el original). Ambas se reencuentran después de cinco años en circunstancias especialmente trágicas. Sidney, que finalmente se casó con Faulkland, acaba de descubrir que su matrimonio con el mismo no es válido. Cecilia queda admirada ante el estoicismo de su amiga. Poco después, a petición del hermano de Sidney, Sir George, es ella quien le comunica a la heroína la muerte de Faulkland.

IV.2. 7.

Los sirvientes


En el siglo XVIII abundaban las críticas a la insubordinación y la codicia del servicio doméstico. Las antiguas relaciones casi feudales entre señor y siervo se habían roto, y la servidumbre se había vuelto más móvil e independiente. Las familias pertenecientes a estratos sociales medios o acomodados sufrían una dependencia de sus criados que les obligaba a tolerar determinadas “libertades” o comportamientos inadecuados con tal de mantener a los sirvientes más competentes a su servicio80.

Esta situación explica que en las novelas analizadas sean frecuentes las críticas al servicio doméstico a través de personajes tales como Amy, la criada de Roxana, o Lucy, la ingenua pero interesada criada de Arabella. Paralelamente a dichas críticas, la literatura sentimental propone una visión idealizada de los sirvientes, a los que presenta como parte integrante de una comunidad basada en unas relaciones filiales y parentales modélicas (véase fig. 16, pág. 544). Encontramos ejemplos de ello en figuras como Mrs Norton, en Clarissa, o Patty Main, la criada de Sidney Bidulph, que no la abandona ni en las condiciones económicas más extremas.


En Love in Excess el conde D´Elmont se sirve de Anaret, la criada de Amena, para comunicarse con la joven a pesar de la oposición del padre de ésta. Ante la visión de unas monedas de oro, “Anaret like most of her function, was too mercinary to resist such a temptation, tho´ it had been given her to betray the honour of her whole sex” (56-7). Anaret exalta, pues, ante su señora el amor del conde mientras calla lo que no le parece conveniente relatar.

Amy, la criada de Roxana, carece de una existencia independiente de su señora en el sentido de que parece encarnar los deseos inconscientes de la misma (Sill, 2001: 122). Cuando dichos deseos desafían la moral y las convenciones, Roxana acusa a su criada de ser un instrumento diabólico. Así, por ejemplo, tras la huida del marido de Roxana a causa de las deudas, Amy anima a su señora a convertirse en amante del casero, a lo que ésta le responde: “you argue for the Devil, as if you were one of his Privy-Counsellors” (71). A pesar de ello, Roxana sigue su consejo. En múltiples ocasiones Amy le demuestra a su señora su más absoluta lealtad, lealtad que proclama en términos enfáticos: “Dear Madam, says Amy, if I will starve for your sake, I will be a Whore, or any thing, for your sake; why I would die for you, if I were put to it” (62, cursivas en el original). Roxana la obliga, de hecho, a tener relaciones íntimas con el casero “to make others as wicked as myself” (82). Por otra parte, Amy demuestra ser dueña de múltiples recursos, como en su entrevista con el primer marido de Roxana, al que engaña completamente: “All this, the Jade said with so much Cunning, and manag´d and humour´d it so well, and wip´d her Eyes, and cry´d so artificially, that he took it all as it was intended he should” (126, cursivas en el original). Cuando Amy sugiere matar a una de las hijas de Roxana, Susan, que supone una creciente amenaza porque insiste en descubrir la auténtica identidad de su madre, Roxana exclama con aparente espanto: “What is the Devil in you, Amy?” (316, cursivas en el original). Le prohíbe hacer daño a la joven, aunque en el fondo desea su muerte (véase el apartado “Actitud de la heroína ante la maternidad”, pág.s 167-70). Finalmente, Amy, llevada por una fidelidad extrema a su señora, acaba con la vida de Susan, lo que les hará a ambas merecedoras de un destino punitivo.

En Pamela encontramos tanto una visión positiva de sirvientes tales Mrs Jervis (a pesar de sus ambigüedades), Jonathan o Mr Longman como una visión más negra con relación a Mrs Jewkes o Colbrand. Mrs Jervis y el resto de los sirvientes de la residencia de Mr. B en Bedfordshire constituyen una “familia” de la que Mr B. sospecha que acabarían sirviendo con más gusto a Pamela que a él mismo, lo que supone un obstáculo para sus planes. Como describimos anteriormente, Mrs Jervis, el ama de llaves de Mr B., es una figura que en un principio se nos presenta envuelta en una cierta ambigüedad, dividida entre sus deseos de servir a su amo, cuyo modo de actuar intenta justificar, y su intención de defender la inocencia de la joven (véase el apartado “La alcahueta”, pp. 422-3). Finalmente, apoya a Pamela, lo que acaba ocasionando su despido.

La nodriza de Clarissa, Mrs Norton, se ocupa también de su educación y siente por ella un cariño maternal. A pesar de ser consciente de la situación límite en la que los Howard han puesto a la joven, no puede auxiliarla debido a su propia dependencia económica. Los Howard intentan, de hecho, aprovecharse del cariño que Clarissa le profesa. Mrs Norton aboga por que dejen a la joven permanecer soltera, o al menos, por que empleen la amabilidad y no la fuerza para que contraiga matrimonio con Mr Solmes. Por otra parte, en un pasaje de gran patetismo, intenta convencer a Clarissa para que ceda, dadas las circunstancias, y le comunica que no le permiten volver a visitarla:

And then folding me to her maternal bosom, I leave you, my dearest miss, said she! – I leave you because I must! – But let me beseech you to do nothing rashly; nothing unbecoming your character (carta número 39, Miss Clarissa Harlowe a Miss Howe, pág. 179, cursivas en el original)

Tras la huida de Clarissa, Mrs Norton lamenta en un principio la educación que le dio, pero es la única persona de su entorno familiar que no la abandona. Se dispone incluso a ir a servirla a Londres, lo que finalmente no puede hacer al agravarse la salud de su hijo y la suya propia. Sólo vuelve a ver a Clarissa una vez muerta, y, como muestra de cariño, besa su cadáver.

Lucy es la sirvienta de Arabella en The Female Quixote. En un principio, da muestras de realismo ante los desatinos de su señora. En este sentido, la simplicidad con la que responde a las extravagantes exigencias de Arabella aporta una nota de humor. Su señora insiste, por ejemplo, en que Lucy, con el fin de poder contar su vida, no ha de perderse detalle de la misma, desde el número de sus sonrisas a cada movimiento de sus ojos. Le da también instrucciones sobre los episodios que ha de relatar, como aquél en el que un caballero quedó prendado de ella en la iglesia. Al pedirle que recoja “the tumultuous Thoughts that this first View of me occasioned in his Mind” (123), Lucy le responde con desesperación: “I can´t pretend to tell his Thoughts: For how should I know what they were? None but himself can tell that” (123). A pesar de todo, Lucy no está dispuesta a sacrificar su puesto de doncella, por lo que decide aceptar las fantasías de su señora y acaba entrando de lleno en su mundo, sufriendo una transformación que recuerda a la de Sancho Panza. Así, por ejemplo, al recibir la heroína una carta paródica de Sir George en que éste asegura que morirá a causa de su indiferencia, Lucy le pide a Arabella lo siguiente, convencida de que tiene poder para obligar a sus pretendientes a vivir: “But, pray, Madam, resumed Lucy, cannot your Ladyship command him to live, as you did Mr. Hervey, and Mr. Glanville, who both did as you bid them?” (175-6).

Patty Main es la ejemplar sirvienta de Sidney Bidulph, además de antigua compañera de juegos. De hecho, se había visto obligada a servir al morir su padre. Patty demuestra tener habilidades que no son habituales en una sirvienta, como el hecho de que es ella quien escribe algunas páginas del diario de Sidney cuando ésta está indispuesta. Cuando Mr Arnold expulsa a Sidney de su casa, ésta le pide a Patty que no la siga y que cuide de sus hijas y la informe. Al ser una persona de máxima confianza y lealtad, Sidney no sabe bien cómo tratarla: “Indeed I consider her rather as a friend than a servant” (276). Permanece al lado de Sidney incluso cuando ésta ya no le puede pagar un sueldo.

IV. 2. 8. El clérigo


El clérigo es un personaje respetable cuya función principal es la de guiar o dar buenos consejos a la heroína o a figuras cercanas a ella tales como su madre o marido (véase fig. 17, pág. 545). Puede intervenir, además, de manera decisiva en la vida de las heroínas más díscolas al conseguir su deseada transformación o reeducación en virtud de su doble autoridad de clérigo y de hombre. En este sentido, podemos asociarlo a una figura habitual en la filosofía estoica, la de un médico o amigo de edad avanzada cuyos consejos le servían a una persona para extirpar sus pasiones o, al menos, aprender a dominarlas (Sill, 2001: 9).
Tras una exitosa carrera delictiva, Moll Flanders acaba siendo detenida y encerrada en la prisión de Newgate. Teme ser ejecutada, y siente por ello la necesidad de confesar sus pecados. Su cómplice y amiga, Mrs B- , le envía a un clérigo, que la exhorta a arrepentirse. El trato que el clérigo le dispensa contribuye a que Moll confíe en él: “This honest, friendly way of treating me unlocked all the sluices of my passions. He broke into my very soul by it; and I unraveled all the wickedness of my life to him” (316). Tras lograr su conversión, el clérigo salva la vida de Moll al apelar a las autoridades y lograr su indulto.
Mr Williams, el capellán de Mr B., constituye un personaje en cierta manera atípico, puesto que hace también las veces de antagonista masculino de su señor. Consciente del peligro que corre Pamela, Mr Williams la intenta ayudar pero se ve limitado por su propia debilidad de carácter y por su dependencia económica. Aún así, no quiere abandonar a la joven a su suerte y mantiene una correspondencia secreta con ella; sin embargo, su indiscreción en presencia de Mrs Jewkes pone a Pamela en peligro. Ella se lamenta: “they talk of women´s promptness of speech; but, indeed, I see an honest heart is not to be trusted with itself in bad company” (187). Tras intentar en vano conseguir el apoyo de las familias de la vecindad, Mr Williams le propone a Pamela matrimonio, propuesta que sus padres le animan a aceptar. Sin embargo, ella no le valora y se refiere a él como “this uncautious man” (195). Mr Williams da muestras de un comportamiento poco valeroso cuando es asaltado por unos supuestos ladrones. Finalmente, acaba por ser arrestado cuando Mr B., llevado por los celos, se vale de su cargo de juez de paz. Si bien Mr B. le pide perdón posteriormente, también le pide a Pamela que, en caso de enviudar, no se case con él.
En Amelia, el Doctor Harrison ejerce una influencia siempre positiva en la vida de los Booth. La propia Miss Mathews, una mujer poco ejemplar por otra parte, lo describe así: “one of the best men in the world he is, and an honour to the sacred order to which he belongs” (68). El Dr Harrison interviene cuando la madre de Amelia pretende romper el compromiso contraído entre su hija y Booth; afirma que ese compromiso equivale prácticamente a la ceremonia en sí y consigue convencer a Mrs Harris para que dé su consentimiento. Con posterioridad, el Dr Harrison informa a la pareja de la muerte de Mrs Harris, y les ofrece consuelo por dicha pérdida y por el hecho de que Amelia haya sido, aparentemente, desheredada. Consciente de sus dificultades económicas, les envía 100 libras y les acoge en su casa. Convence luego a Booth para que deje el ejército y se haga granjero, pero se ve obligado a salir de viaje con el hijo de un noble, con lo que priva a los Booth de sus buenos consejos. Éstos se arruinan a causa de una serie de inversiones poco acertadas y porque Booth adquiere un carruaje. La noticia de esto último llega a los oídos del Dr Harrison distorsionada por la maledicencia; por ello, tras pedirle a Booth el dinero que le prestó, le hace arrestar. Tras explicarle Amelia lo sucedido, el clérigo intenta ayudar a Booth y critica que no pueda encontrar un trabajo digno en una sociedad “superseded by favour and partiality” (469). Finalmente, es él quien se entera de lo sucedido con la fortuna de Amelia, con lo que se revela como agente de la Providencia y cambia el destino de los Booth.
En The Female Quixote, es un clérigo (inspirado en la figura del Doctor Johnson, junto con Richardson y Fielding uno de los protectores de la autora, Lennox) quien devuelve la razón a Arabella. Frente al relativismo moral de la condesa, que en última instancia es incapaz de convencer a Arabella de su error, el clérigo incluye en su discurso un elemento sentimental que llega al corazón de la joven. En los romances heroicos, asegura,

thousands are slaughtered for no other purpose than to gain a smile from the haughty beauty, who sits a calm spectatress of the ruin and desolation, bloodshed and misery, incited by herself. (381)

Arabella se pliega entonces al concepto de la realidad del clérigo. Por otra parte, es fundamental el control que éste ejerce sobre el lenguaje. Lo que Arabella creía un deseo de virtud y fama él lo traduce como deseo de amor y venganza. Al aceptar estos términos convencionales, Arabella acepta un destino igualmente convencional (Spacks, 1990: 31).



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